
Como justo pago por haberles ayudado, Ser Marios Inisaber de Tymora, presiona a Darkan y a Semy para poder cumplir la petición de Celeste de Sune. El enano que buscaba a su vástago, había muerto por enfermedad con el paso de los meses, y según Celeste, los restos del vástago no eran los importante, si no lo que llevaba consigo en el momento de partir. A ella le atraía la historia de amor paterno y se sentía en deuda con Zygaxx el enano.
Alquilan unos caballos y tras unos días de periplo por la Ruta de la Plata, poco más allá del Puente de Archen llegan al destino esperado. Las sospechas de la sacerdotisa (que ya había sido advertida en su momento por Ser Allister Talendar y Darkan) no eran infundadas: en lo que parecía los restos de una antigua torre de vigilancia se ocultaba una hidra... y su más preciado tesoro: el cadaver del heredero enano.
El monstruo de leyenda fue difícil de evitar, dada su situación ventajosa, pero yendo a lo práctico, y sin querer abusar demasiado de su buena suerte, Marios, Semy y Darkan consiguieron encontrar el equipo del joven hijo de Moradin. Una pequeña cajita, sencilla, sin ornamentos...
Más contento que un dragón entre monedas de oro, Marios fue a cobrarse su precio. Y bien que lo hizo. Celeste, agradecida, le otorgó unas letras del coster Trono de Hierro, equivalentes a varios kilogramos de material y horas de trabajo enaniles.
Por supuesto el Inisaber esperaba otro tipo de "premio". Las horas en el cuarto de Celeste bien lo valieron. Esta vez no hubo velas, pero sí una llave que permitía abrir la cajita del enano. En su interior, el diamante más grande que el Inisaber había visto jamás.
Pero las noches ajetreadas ya se sabe lo que tienen... al amanecer, Marios comprobó como sus dos conquistas nocturnas se habían esfumado: ni el diamante ni la mujer.
Frustrado, reunió a sus amigos y buscaron a la chica por Selgaunt. Parecía que se la hubiese tragado la tierra. La cosa quedó un poco más clara cuando preguntaron por la nuncia en el templo de Sune.
- ¿Nuncia? ¿qué rango es ese? Entre los sunitas no existe nada parecido...
Desde luego...los habían engañado.
Pardillo